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| Mujeres pescando, óleo de Vito Cano |
A
los que pasamos las horas delante del ordenador nos recomiendan
levantarnos cada cierto tiempo y echar una mirada al horizonte. Y eso
que mi horizonte es un coñazo, la wikipedia del aburrimiento, pero hay
veces en que te sorprende. El otro día, sin ir más lejos, jugaba España
contra Portugal, me asomé al balcón y descubrí, en medio de la calle
vacía, al fantasma del muchacho que fui hace treinta años. Yo le
reconocí enseguida. Él a mí no. Cómo iba aquel muchacho de barbas
negras, pelo bruno y ojos como carbúnculos encendidos reconocerse en
este tipo calvo que le llamaba a gritos desde el balcón.
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| Esperando a los fantasmas |
Tengo
hijos de su misma edad. Aunque de mis hijos no sabría decir dónde se
meten los días de fútbol. De él, sin embargo, lo sabía todo. No he
olvidado su afición a los paseos solitarios, su amor por los versos, su
lágrima fácil, su innata propensión a complicarse la vida. Quise
animarle, decirle que, a pesar de lo que escuche, ser raro no está tan
mal, que mejor ser raro que una marioneta sin alma. Decirle que el amor
es una bonita excusa para todo menos para perderse en un laberinto de
pamplinas. O decirle que ser individualista, discrepar, tener ideas
propias es más sano que convertirte en masa de croqueta y apretujarte y
arrojarte enharinado al fuego de la mediocridad. No le temas al fracaso,
iba a decirle, ni persigas el éxito como una obsesión. No te
hipoteques. Disfruta de los días de fútbol y de los días sin fútbol.
Vive, en fin, como si la vida te fuera en ello. Pero en esas llegó el
último gol de la tanda de penaltis y los gritos del vecindario me lo
espantaron. De modo que andará por ahí como siempre anduvo, de su
corazón a sus asuntos. Les cuento esto por si se topan con él no sean
demasiado duros. Es solo un fantasma y tiene veinte años.
Contraportada del Periódico Extremadura, 30 de junio 2012


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